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El Cristo de la iglesia


Desde que se comenzó a construir esta iglesia, en el año 2005, hemos ido viviendo momentos muy significativos, que nos han llenado de alegría.  La colocación de este Cristo fue uno de esos días.
 
El proyecto del interior del templo ya contemplaba colocar EN EL CENTRO DE LA IGLESIA un Cristo  de gran tamaño que nos recordara que la Santa Misa es  la renovación del Sacrificio que Él hizo por nosotros en la Cruz.

Cuando asistimos a ella, estamos con Cristo en ese momento en el que se ofrece al Padre por nuestra redención.
 
La escultura.
 
La escultura comenzó a hacerse en el 2007.  Fue modelada en todos sus detalles por el artista Javier Martínez, en su taller de Madrid, España. Mide 3.25 mts. y pesa cerca de 300 Kg.  El Cristo es hueco y fue terminado en su aspecto exterior con una mezcla de resina con piedras pequeñas y polvo de piedra color ocre-amarillo claro.
 
Características de este Cristo:
 
La mayoría de los Cristos que vemos representan a Jesús ya muerto.  Éste, en cambio, supone una mayor complejidad técnica porque muestra a Jesús en la Cruz, aún vivo en las horas antes de su muerte, para que podamos imaginar cómo pudieron verlo y hablar con Él, la Santísima Virgen y San Juan, al pie de la Cruz.
 
Su rostro muestra un gesto difícil de lograr: una gran serenidad en medio del grandísimo dolor, dirigiendo su mirada a los que le contemplamos desde abajo.  En el proyecto se calculó especialmente que esa mirada se dirigiera a centro de la nave para que su mirada se cruzara con la nuestra.
 
 
La expresión de su mirada se complementa con la de la boca porque, en las horas previas a su muerte, Jesús respiraba con dificultad: por eso el tórax está elevado y la boca está abierta.  Este gesto también expresa que está hablando a los que le miran.
 
Sus brazos abiertos con suavidad nos dicen de alguna manera que nos abraza a todos, nos perdona, nos comprende y nos anima a estar con Él para llevar con serenidad y alegría las penas de cada día.  Cuando alguna vez nos sintamos con el peso de dolores o dificultades, del tipo que sean, cuánto nos ayudará ver este Cristo que nos anima a llevar mejor las nuestras.
 
 
En una palabra: ver esta imagen del crucificado nos ayudará a hacer oración, porque orar es hablar y oír a Dios; es también mirar y saberse mirados por quien más nos ha amado hasta dar su vida por cada uno de nosotros.
 
 
 
 

Cuando se preparaba la escultura para ser subida a la Cruz, se colocó en su interior un papel con un listado largo de peticiones. Entre muchas, éstas:  La Iglesia Universal, el Papa, nuestro Arzobispo y todos los Obispos y sacerdotes del mundo.  Nuestra Parroquia y todas las familias de Santa Fe.  Los más pobres que tenemos tan cerca y a quienes se dirige la acción constante del Centro Comunitario.  Las vocaciones de entrega a Dios –muchas- que surgirán en esta parroquia. Todos los difuntos que están y estarán reposando en las criptas de este templo. Todas las personas que han venido, vienen y seguirán acercándose a este templo para orar y asistir a la Santa Misa.
 
De esta forma se quiso mostrar, porque es una gran verdad, que Cristo nos lleva dentro de sí a todos nosotros:  siempre está orando al Padre, intercediendo por nosotros, haciendo suyas nuestras peticiones porque nos lleva a todos en su Corazón.