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La Sagrada Familia y las virtudes de la convivencia[1]

Una familia normal y, a la vez, única

1. Volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba  de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él[2] El domingo siguiente a la gran solemnidad de la Navidad, la liturgia nos invita a contemplar la vida de la Sagrada Familia. Y es lógico, ya que en este tiempo, aún en un año tan especial y tan difícil como el que estamos viviendo, estos días son de mayor convivencia familiar. Enseña Benedicto XVI que Jesús, el Hijo de Dios encarnado, quiso nacer y crecer en una familia humana; tuvo a la Virgen María por madre; san José hizo las veces de padre. Ellos lo criaron y educaron con inmenso amor[3].

           Estamos ciertamente ante un misterio. Por una parte, se trata de una familia normal, como cualquier otra de aquel tiempo y de aquel pueblo. Pero, al mismo tiempo, estamos ante una familia única, porque es la familia del Hijo de Dios en la tierra. Quisiera comentar brevemente estos dos aspectos.

Primero lo primero: piedad

           2. Ante todo una familia normal. Una familia humana, formada por un padre, una madre y un hijo, con los valores y la virtudes característicos del pueblo elegido. Una familia en la que, por tanto, la piedad tuvo una absoluta centralidad. Esa conexión con Dios Padre, característica de las personas de fe en que consiste la piedad, se expresaba con las oraciones y devociones que solían rezarse en todos los hogares israelitas, pero que en el hogar de Nazaret nunca fueron una simple repetición de fórmulas o lectura de textos. La profunda y misteriosa oración de Cristo que palpamos a lo largo de su vida pública tuvo, lógicamente, su inicio, en lo humano, de María y de José. Lo mismo podría decirse de la gozosa celebración de las grandes festividades religiosas, especialmente, la Pascua que, como consigna san Lucas, hacía que cada año fueran a Jerusalén.

           ¡Qué importante es la oración en familia! ¡Cuánto bien hace a las almas!

Virtudes para convivir

           3. Otro rasgo, lleno de naturalidad, que quisiera destacar de la Sagrada Familia, es el ejercicio de las virtudes de la convivencia. En ese hogar se vivía el espíritu de servicio de modo espontáneo y sencillo, unos estarían siempre pendientes de los otros. Lo que antes ocurrió en los tres meses de la Visitación, cuando la Virgen acudió a atender a su prima Isabel en un pueblo de las montañas, ocurriría, durante largos años, en Nazaret.

           La afabilidad también sería una nota distintiva del comportamiento de la familia de Jesús. Entre ellos habría siempre un modo de decir las cosas que no lastima que, por el contrario, procura ser siempre ser suave y dulce, pero sin afectación, sin exageraciones empalagosas.

            No me puedo imaginar, por otra parte, la vida en Nazaret sin buen humor. Sin ese habitual recurso a encontrar el lado divertido y simpático de las cosas o los acontecimientos. Hubo hechos trascendentales en esa peculiar familia, momentos intensos e inolvidables, pero la mayor parte de los días fueron como los de otras muchas familias. Los agudos comentarios de José a la situación política o económica de la región, los pequeños sucesos referentes a la vida de otras familias vecinas, etc. Todo eso se enfocaría de un modo sereno, alegre y desenfadado.

           La paciencia, esa importante virtud que nos lleva a soportar con entereza la adversidades grandes o pequeñas de la vida y que es, por lo mismo, tan necesaria en toda convivencia familiar, no faltaría en aquel hogar. Las contrariedades de María y de José no fueron pocas pero, por lo que nos dicen los evangelios, en ningún momento les llevaron a perder la paz. Necesitamos observar atentamente esas reacciones para aprender. Y hacer nuestro, ante las adversidades de la vida, el programa de santa Teresa de Jesús: nada te turbe, nada te espante.

           Una pequeña y bella virtud que hace muy grata la convivencia es la gratitud. Agradecido es el que recuerda con afecto los beneficios recibidos y procura, en la medida de sus posibilidades, retribuir a su benefactor. A veces simplemente será decir gracias; otras, bastará una mirada. ¿Se imaginan ustedes las miradas de María a José, ante tantos detalles de su parte para hacerle más agradable la vida? En otras ocasiones la justicia hará razonable ir más allá: Un regalo, un servicio atinado, un favor especial, etc. De lo que no tengo duda es de que mirando a la Sagrada Familia todos aprenderemos a ser agradecidos.

Familia única

           3. No puedo extenderme más. Podríamos hablar de cordialidad, de optimismo, de respeto, de solidaridad… los invito a que cada quien siga por su cuenta esta contemplación ante el nacimiento de su casa y saque sus propias consecuencias. Yo terminaría esta reflexión con una breve referencia el punto antes anunciado. La Sagrada Familia es una familia normal, pero es también una familia única. Recibió una singular vocación vinculada a la misión del Hijo de Dios en la tierra: la redención de la humanidad. Y ahí se encuentra un insondable misterio: Dios conviviendo con los hombres[4]. Jesús es el Emanuel, Dios entre nosotros.

           En la oración colecta de la misa de hoy pedimos: Señor Dios, que te dignaste dejarnos el más perfecto ejemplo en la Sagrada Familia de tu Hijo, concédenos benignamente que, imitando sus virtudes domésticas (…) podamos gozar de la eterna recompensa en la alegría de tu casa[5].         

           Hermanos míos, que Jesús quiera también nacer y crecer en nuestras familias para que esa hermosa oración se haga realidad. Bien sabemos que no hay familias perfectas. En todas se dan situaciones de tensión, de desconcierto, de dolor… Pero con la cercanía de Jesús, todo eso será más llevadero. Y, a pesar de los pesares, conseguiremos finalmente disfrutar de la eterna recompensa en la alegría de su casa.

Francisco A. Cantú, Pbro.
Santa Fe, Ciudad de México, a 27 de diciembre de 2020.


[1] Homilía en la fiesta de la Sagrada Familia, ciclo B, 2020.

[2] Evangelio, Lucas 2, 40.

[3]  Benedicto XVI, Ángelus, 28 de diciembre de 2008.

[4] Cfr. ibid.

[5] Misal Romano, Fiesta de la Sagrada Familia, oración colecta.